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ALICANTE. La evolución del sector inmobiliario en Alicante se desarrolla en un contexto de costes al alza, retrasos en la ejecución de proyectos y cambios en el entorno económico que afectan tanto a promotores como a compradores. Bajo este marco, la jornada convocada por Alicante Plaza ha reunido a representantes de los principales actores del mercado local para compartir su visión sobre el presente y futuro del negocio.
Y es que, uno de los ejes de la conversación ha girado en torno a la industrialización de la construcción como alternativa para reducir tiempos en un contexto de retrasos acumulados. Javier Ripalda ha señalado que el sector presenta entre doce y dieciocho meses de retraso generalizado, mientras que Tomás Mora ha apuntado a la escasez de mano de obra como factor determinante.
Manuel Pertusa, por su parte, ha aportado cifras sobre ese ahorro temporal, con estimaciones que sitúan la reducción en varios meses según el tipo de promoción. En vivienda unifamiliar, ha indicado que la industrialización puede recortar los plazos hasta en ocho meses, aunque ha reconocido que no implica necesariamente una reducción de costes.
Ripalda ha introducido matices sobre las limitaciones de este sistema, al señalar que exige adaptar los esquemas de financiación, ya que implica adelantar pagos antes de la ejecución real en obra. Ha precisado, además, que la industrialización tiene un impacto diferente según el tipo de edificio y que su aplicación en altura presenta aún dificultades técnicas.

La conversación sobre los plazos ha estado acompañada por el análisis del comportamiento de los costes. Los participantes han hecho referencia al impacto de factores externos como la crisis del Canal de Suez y la incertidumbre arancelaria, que han encarecido materiales y dificultado la planificación.
En ese contexto, Javier Ripalda ha expuesto que los costes de construcción y del suelo no presentan perspectivas de descenso, y ha recordado que el incremento de estos factores ha llegado a parar promociones completas. Ha señalado la mano de obra como el elemento de mayor presión, agravado por el aumento de los convenios colectivos.
El foro ha dedicado parte del debate a la posible aparición de una burbuja inmobiliaria. La valoración compartida por los participantes descarta un escenario similar al de ciclos anteriores, apoyándose en la solidez de la demanda actual, el perfil solvente del comprador y la ausencia de endeudamiento excesivo en el sistema.
Jorge Blay ha apuntado que una parte significativa de las operaciones, especialmente en segmentos de mayor valor, se realiza sin financiación, lo que reduce la exposición al riesgo crediticio. Ha añadido que la demanda extranjera, aunque sensible a factores como el tipo de cambio o los aranceles, sigue siendo un elemento de apoyo al mercado.

Isabel Montesinos ha hecho referencia a la evolución del sector en los últimos años, con prácticas más controladas y una mayor profesionalización, lo que marca una diferencia estructural respecto a episodios anteriores de sobrecalentamiento.
Junto a estos elementos, los participantes han coincidido en la necesidad de reducir los tiempos administrativos para acortar los plazos globales de desarrollo de vivienda. Ripalda ha mencionado la tramitación urbanística como uno de los principales cuellos de botella, con procesos que pueden superar los dos años en determinados municipios.
El impacto del coste del transporte también ha formado parte del análisis. Jorge Blay ha indicado que el encarecimiento de los vuelos ha modificado el comportamiento de viajeros, con menor presencia de compradores procedentes del norte de Europa, aunque compensado por la demanda de otros mercados emergentes.

En cuanto al producto, Mora ha destacado la importancia de cumplir plazos en la comercialización, mientras que Pertusa ha hecho referencia a la adaptación continua de la oferta a las condiciones del mercado y a la necesidad de ajustar tipologías según la evolución de la demanda.
El encuentro ha finalizado con una visión compartida de un mercado condicionado por factores estructurales, en el que la industrialización se presenta como una herramienta para reducir los plazos de construcción, aunque sin garantías de abaratar el producto final. Los participantes han subrayado la resiliencia del mercado alicantino y su capacidad de adaptación ante un entorno de incertidumbre prolongada.